Es una tendencia mundial: aunque los números sorprendan, cada vez se toma menos vino (en 2024, el piso más bajo estimado desde 1961, según la Organización Internacional del Vino), y una de las razones parecería ser una búsqueda de un estilo de vida más saludable, especialmente en las generaciones más jóvenes.
En ese contexto, así como ha crecido la producción de vinos orgánicos y biodinámicos, son muchas las bodegas que han ido trabajando en bajar la graduación alcohólica y lanzado etiquetas en esa línea. Pero desde que el Instituto Nacional de Vitivinicultura habilitó la elaboración de los vinos con 0% de alcohol en mayo de 2024, en Argentina empezó otro capítulo, porque se trata de productos diferentes que, incluso, pueden requerir de la aplicación de tecnologías específicas que no estaban disponibles en el país.
Las primeras novedades ya están llegando a las góndolas, y de la mano de grandes bodegas. Pero para que el consumidor argentino entienda de qué se trata lo que va a encontrar (y beber, si la propuesta lo seduce), es necesario explicar algunas diferencias.